En estos días en que los candidatos y sus equipos trabajan sobre los datos de los sondeos, la preocupación por los huecos sin rellenar, los espacios en blanco, es patente. Y de todos los huecos en blanco, el de los indecisos es el que más nervios desata. Sin embargo, es importante saber trabajar con los datos para encontrar respuestas que ayuden al equipo a trazar las estrategias adecuadas.
Primero y principal, el indeciso NO es un abstencionista, aunque parte de esos votantes puedan, finalmente, decantarse por no acudir a las urnas. En esta convocatoria, son muchos los ciudadanos que no se encuentran cómodos con la política y, sobre todo, con los políticos. Años de ambiente crispado, y la gran cantidad de procesos judiciales abiertos en todos los frentes han creado una cierta desafección que, obviamente, moverá a parte del electorado hacia la abstención. Otra parte, sencillamente, no sabe qué hacer.
Hay que saber si esa parte es la que afecta a nuestros votantes. Y no es difícil, ya que las tablas de datos nos ofrecen la posibilidad de saber cuál es el espectro político en el que se mueven los indecisos.
Una vez despejada esta primera incógnita, tenemos varios indicadores para saber cómo movilizar a esos votantes desencantados, o parcialmente insatisfechos con su opción política natural. esos indicadores internos del sondeo nos ofrecen, a través de las verbalizaciones (verbatings) y de las respuestas sugeridas, los centros de interés, preocupaciones y decepciones de los indecisos. Hay que depurar los resultados, y a partir de ahí, establecer las estrategias de comunicación para alcanzar a estos votantes potenciales, y llevarlos al camino de la urna. Si no, es muy posible que se marchen a la abstención, aunque será más difícil que se decanten por otra opción electoral. Al menos, por esta vez.
Es cierto que en nuestro país se implantó hace años el término “campaña permanente”, para definir todas las acciones de comunicación que emprende un alcalde desde el momento en que accede a su cargo. Esta campaña permanente no es más que una obligación asumida por el político en la que además de gestionar los recursos, da cuenta a sus ciudadanos de cómo se realiza y se concreta esa gestión. Es en definitiva una obligación del político desde el inicio de la legislatura.
La notoriedad es la base de la política. También está la valoración, claro, pero no es lo mismo. Vayamos por partes.